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5/25/10

BEYOND THE ECLIPSE (EXCERPT IN SPANISH)

MÁS ALLA DEL ECLIPSE
Novela por Dunnia BalcázarGoldstein

CAPÍTULO I
 La extinción total de los cinco sentidos

El lugar aparentaba estar desierto si no hubiera sido por las sombras que parecían cortar la espesa cortina de niebla que lo envolvía. El silencio era auténtico, y su sonido obvio. Si se escuchaba cuidadosamente y se agudizaba el oído, se podía percibir que dicho silencio arrastraba un eco, como el que produce un instrumento metálico al emitir una nota sorda y baja, vibrando por largo tiempo después de haber sido creada. Tampoco se podía asimilar la luz a pesar de que la neblina tenía un natural resplandor producido por una brillo aún nunca antes captado por la pupila humana. Un terror inmenso invadió a Héctor Charles al comprender que sólo tenía una opción: entrar a las tinieblas, ya fuera a tientas o por intuición, hasta encontrar lo que no buscaba ni deseaba. Lo increíble era que Héctor no podía recordar quién era, ya que su percepción  era limitada; sin embargo, presentía brazos que no veía y piernas que lo movilizaban pero que no lo sostenían. Intuía, más que escuchar, el palpitar de un corazón, sospechaba una voz muda que le decía que podía alcanzar las dimensiones más altas sin producir sonido. Respiraba, aunque su pecho no se ensanchaba, y tampoco escuchaba el sonido plácido de su inhalación o exhalación por más que lo deseara. Sentía un hambre voraz pero no podía concebir la idea de satisfacer su vacío porque su mente no podía producir la idea de lo que eso significaba. Sólo sabía y comprendía que estaba perdido en un lugar que no reconocía y que los seres que por segundos sospechaba que en otras formas existían, no se encontraban cerca de él.
 ¿Qué sucedía? No lo comprendía. ¿Dónde estaba? No lo sabía. Quiso descansar pero no imaginaba cómo, cuándo ni dónde pues, y aunque quería dormir, no lograba conciliar el sueño; éste no le era conocido y mucho menos concebido. Quiso cerrar sus ojos y descansar sus pestañas sobre sus mejillas para suspender la caída a un vórtice que sospechaba, pero sin lograrlo, por encontrar cuencas vacías en vez de ojos y mejillas que no existían.

Héctor  podía pensar aunque no existía una célula activa en su cerebro. Lo extraño era que su pensamiento no podía ir más lejos del segundo que había transcurrido, ni tampoco más allá del segundo próximo a ocurrir; sólo podía concebir y comprender lo que al instante sucedía, olvidando de inmediato lo pensado en el pasado sin tampoco poder formar un pensamiento sobre el futuro. El hecho de no poder hilar el torrente de ideas como deseaba, le hizo experimentar en una fracción de segundo un terror que era reemplazado un cuarto de segundo más tarde por la curiosidad e inmediatamente después, por un pavor aún más intenso que el anterior, aunque ya olvidado. Experimentó lo increíble: vivir en el ínfimo segmento de un segundo la experiencia de toda su vida. Otros ojos más allá de las tinieblas lo observaban sin reproche, curiosidad o lástima. Eran ojos invisibles con la expresión de aquellos que esperan infinitamente, aunque sin amor o desamor: Héctor comprendió con la rapidez de la trayectoria de la luz, en uno de esos ínfimos momentos de conocimiento, que por años había mirado equivocadamente hacia la bóveda del cielo sin imaginar jamás que era el espacio el que lo observaba desde su altura.

El tiempo transcurrió en un período que no pudo aclararse para él. A pesar de que por instantes comprendió que estaba suspendido en la telaraña del tiempo, no pudo cristalizar la idea de cuánto tiempo había pasado, por no poder determinar una fecha de almanaque, una hora en un reloj o en una visible arruga de sus manos. Podría haber pasado sólo un día, aún cuando consideró que en realidad podría haber sido un mes, un año, un siglo. Entonces decidió apresar ese segundo de conocimiento para capturar el recóndito rincón del subconsciente, para tratar de comprender lo que realmente sucedía; aceptar finalmente su terrible sospecha hecha realidad: estaba muerto. Sintió la liberación súbita de la pesada cadena de la vida, invisible ahora a sus ojos, pero  que lo había sujeto a un minúsculo espacio de incertidumbre y a una dimensión que hasta ahora comprendía. Por un instante experimentó algo parecido al éxtasis, hasta que tal felicidad pareció derrumbarse ante sí al ser forzado por una fuerza desconocida a revivir su vida, no pudiendo ignorar los eventos más ingratos entre los otros, poco felices.

La misma fuerza imperiosa lo llevó a desmenuzar sus acciones pasadas, experimentando las mismas sensaciones de aquellos momentos, sobre todo al recordar los actos más grotescos y nocivos que le parecían ahora peores de lo que en aquel entonces había creído. Sus pupilas inexistentes permanecían fijas en un telón casi acuático forjado de eventos que hasta había olvidado. La película de su vida apareció ante sí saturándolo de olvidadas emociones como aquellas de su infancia, cuando se escondía bajo la cama para observar con profundo miedo a su padre azotar a su madre, mientras vociferaba obscenidades casi incomprensibles por el alcohol ingerido. Sintió un dolor punzante en el corazón que ya no existía, al ver a su madre cosiendo sus overoles por no tener el dinero suficiente para comprar ropa nueva en la tienda del pueblo. Se regocijó al reconocer su escuela, la finca donde vivía separada por kilómetros de otras, y la iglesia donde los domingos asistía al servicio religioso con sus padres, quienes compartían fielmente por la noche el aborrecido juego de bingo. Su padre mantenía un taller de mecánica detrás de la casa que era cómoda y estable lo mismo que el corral anexo, donde se criaban algunos animales; la propiedad se mantenía en forma aún durante la época de vendavales cuando era azotada por el viento, y durante las sequías cuando el sol quemaba la madera ya vencida del porche y los pocos árboles que lo rodeaban, en medio de una tierra amarillenta agrietada donde algunos parches de hierba de color verde pálido pincelaban el árido paisaje después de que una lluvia esporádica escupía su desprecio. Víctor Emmanuel Charles, su padre, devengaba dinero extra, además del ingreso que ganaba en la imprenta del pueblo, arreglando camionetas viejas y los carros finos de los prelados de mejor posición social y económica, que conocían su habilidad como  mecánico.

 

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Abracadabra! Stop the Curse!

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Tenafly/Bergen County, New Jersey, United States
The life of a unique and incredible woman whose fate was to be followed by drama, comedy and tragedy. She wandered under a lucky star, which protected her at all times, thus, overcoming the odds that forced her to swim against the high tides; but surprisingly, arriving onto safer and better shores by miracle or by her own strength. Character: Gentle as and orchid but solid as an oak tree. Distracted, but attentive to the best and worth things of life. Indifferent to the time that passes by, but always aware of the beauty around her. Understands and accepts pain, physical or mental, which she believes is absolutely needed in order to grow wiser and happier. She thinks that Happiness is within our reach and unhappiness is not letting go of things or people that don't belong to us any longer.

"Abracadabra" via NemesisDoe

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I wrote two books that are being translated from Spanish into English but ready to be published in Spanish: "Abracadabra, Stop the Curse! (1999) and "Beyond the Eclipse" (2208) (Abracadabra! Que Pare la Maldicion! y "Mas Alla del Eclipse")

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